Quien da una clase de cata y quien anota en su cuaderno de cocina enfrentan el mismo problema: describir aroma, acidez, textura y temperatura de servicio sin caer en juicios absolutos. Una ficha reutilizable ordena esa conversación, tanto en un aula con veinte vocabularios distintos como en un registro personal que se acumula taza tras taza.
Si das clases, coordinás un taller o simplemente anotás lo que tomás cada mañana, la ficha sensorial funciona igual en los dos casos: aroma, acidez, textura y temperatura de servicio quedan en el mismo renglón, y después podés comparar dos tazas preparadas con métodos distintos sin caer en juicios absolutos. En el aula ordena la conversación; en el cuaderno personal acumula registros a lo largo del tiempo.
Antes de descargar nada, mirá cómo se arma una ficha y qué decisiones conviene tomar al completarla.