Mapa del Café nació de una incomodidad concreta: casi todas las descripciones que circulan sobre el café argentino llegan traducidas. Notas de cata importadas, escalas ajenas, un vocabulario que suena bien pero no siempre coincide con lo que uno siente al tomar el primer sorbo. Nos preguntamos qué pasaría si empezáramos por lo evidente: el aroma que sube apenas se sirve, la acidez que aparece en los bordes de la lengua, la textura que cambia según cómo se preparó.
De ahí salió la idea de cartografiar. No como metáfora decorativa, sino como método de trabajo. Registrar aroma, acidez, textura, temperatura y método de preparación en fichas comparables, para después ver qué se repite y qué no. Un mapa no decide por vos: muestra el terreno y deja que cada uno saque sus conclusiones.
El proyecto es ficticio y cordobés, y eso también define el tono. Trabajamos con ejemplos comparativos y ejercicios de registro, sin afirmaciones absolutas. Preferimos decir "en este caso percibimos esto" antes que sentenciar cómo debe saber un café. La idea es que quien lea pueda anotar lo suyo, con sus palabras, aunque no coincidan con las nuestras.