Qué se observa, qué se anota y qué se compara
Las líneas de trabajo del proyecto se organizan alrededor de un registro simple: probar, anotar y volver sobre lo anotado. No hay una forma correcta de describir un café, pero sí hay formas más ordenadas de mirarlo.
Fichas sensoriales
Cada ficha propone cinco campos: aroma, acidez, textura, temperatura y método. Se completan a mano, sin puntajes cerrados, para que la descripción salga de lo que efectivamente se percibe en la taza y no de una escala heredada.
Mapas visuales
Los mapas ubican las sensaciones en el recorrido del sorbo: dónde aparece la acidez, dónde se instala el amargor, en qué momento cambia el aroma. Sirven para ver patrones entre cafés distintos, no para clausurar una lectura.
Registro por temperatura
Un mismo café se anota tres veces: recién servido, a mitad de camino y a temperatura ambiente. El aroma cambia al enfriarse porque los compuestos volátiles se liberan a ritmos distintos, y ese cambio queda escrito.
Escala de textura
Cinco puntos entre sedoso y arenoso, con ejemplos de métodos que suelen caer cerca de cada extremo. La textura se anota aparte de la intensidad del sabor: son dimensiones distintas y conviene no mezclarlas.
Comparación entre métodos
Preparar el mismo café en prensa, goteo o espresso y anotar qué cambia en cada caso. La idea no es elegir un ganador, sino reconocer cómo el método modula lo que llega a la taza.
Ejercicios de vocabulario
Propuestas para describir con palabras propias, sin depender de términos importados. Se parte de lo que se siente y se busca el nombre después, no al revés.